Por encima de una ideología o una nueva cultura humana, el esperanto realmente es lo que hagamos con el idioma; una muestra la tenemos en este interesante artículo de Mayra Rodríguez Singh en
http://lasindias.com/el-esperanto-como-herramienta-comunitaria:
El esperanto es una herramienta fundamental
para poder trabajar al mismo nivel e integrar en nuestra comunidad y
conversación a personas con distintas lenguas maternas. A partir de ahí,
lo interesante del esperanto, como de toda herramienta libre, es lo que
hagamos con ella.

Cuando
escuchamos una lengua tendemos a situarla sobre un territorio primero,
para luego asociar ese lugar a una cultura y unos valores, en los que
incluimos preventivamente a la persona que la está usando. Y la verdad
es que funciona como forma de dar un primer contexto al que habla en
inglés, español o
Warao.
Las lenguas sintéticas son distintas, no están asociada a un
territorio una cultura o un conjunto de valores determinados. La más
extendida, el
esperanto,
no tiene un número relevante de hablantes «nativos», gente que tiene un
uso especialmente bueno de ellas por haberlas aprendido en la primera
infancia y haber estudiado en ellas. Tiene casi exclusivamente
usuarios.
Y la causa hay que buscarla en su carácter de lengua sintética. Tampoco
es la lengua de unos valores o de una ideología determinada, aunque
existan ideologías esperantistas e ideologías que incluyen el esperanto
en su mirada sobre el futuro. Y ha sido así desde su origen…
Cuando el esperanto no quería ser para todo el mundo
Zamenhof había crecido rodeado de muchos idiomas en su
Bialystok natal, que en la época de 1859 pertenecía a Rusia y contaba con una población mayoritariamente judía y polaca. Junto a su
padre
y abuelo, ambos profesores de idiomas, había vivido la exclusión y la
marginación de los judíos polacos. Rechazados por rusos ortodoxos y
polacos católicos, los vecinos judíos alemanes los distinguían por el
uso del
yidish, que
rechazaban como una lengua tosca y provinciana, un resto de un feo
pasado medieval de exclusión. Tampoco les consideraban iguales.
Discutir la importancia de la lengua en la cuestión social judía le vino quizás por la influencia de su abuelo
Fabian Wolfowicz Zamenhof traductor y profesor de lenguas, influido por la
Haskalá,
movimiento cultural judío que buscaba la integración en la sociedad
moderna, rechazando buena parte de la identidad tradicional -entre ellas
el yidish y muchas veces la religión- como un lastre.
Moses Mendelssohn,
quizá el representante más famoso del movimiento, afirmaba que para
entrar en la sociedad moderna y sobre todo a los círculos culturales de
referencia en la Europa Central de la época era necesario dar el salto
al «verdadero» alemán.
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